El Sol es imprescindible para la vida en la Tierra. Gracias a su luz, las plantas pueden fabricar su alimento y crecer; gracias a su energía, nuestro planeta mantiene temperaturas que hacen posible la vida. Además, nos permite distinguir los colores, jugar al aire libre y disfrutar de paseos, excursiones o tardes en la playa. Eso sí, una exposición moderada a la luz solar ayuda al organismo a producir vitamina D, pero, recibir más radiación de la que nuestra piel puede soportar puede provocar daños, aunque al principio no notemos nada extraño.
Por eso nos preguntamos: ¿Por qué hace falta protegernos del Sol nos proporciona tanta luz y nos ayuda a disfrutar de los días bonitos? La respuesta tiene que ver con la energía que recibimos de nuestra estrella más cercana. Protegernos del sol es especialmente importante cuando pasamos mucho tiempo fuera, porque los efectos de sus rayos pueden acumularse.

En este artículo aprenderemos qué parte de la energía solar debemos vigilar y para qué sirven objetos tan cotidianos como la crema, las gafas y los sombreros. Son pequeños gestos que nos ayudan a seguir jugando con tranquilidad.
¿Qué es la radiación solar y por qué algunos rayos del Sol pueden hacernos daño?
La luz del Sol que llega a la Tierra viaja por el espacio hasta llegar a la Tierra formando un paquete con distintos tipos de rayos. Dentro de ese paquete hay distintos tipos de energía. Una parte es la luz visible, que nos permite ver el cielo azul y los colores de las flores. Otra parte es la radiación infrarroja, que contribuye a que sintamos calor. Además, también llegan rayos ultravioleta, conocidos como rayos UV, que nuestros ojos no pueden ver. Precisamente porque son invisibles, podemos olvidarnos de que están presentes incluso cuando no sentimos demasiado calor.
Los rayos ultravioleta pueden alterar las células de nuestra piel. Si recibimos demasiados, esta puede ponerse roja, caliente y dolorida: es lo que llamamos una quemadura solar. Los daños no siempre se ven enseguida, y exponerse muchas veces sin protección puede perjudicar la piel con el paso de los años. Los ojos también necesitan cuidados frente a esta radiación, por eso se usa protección para ellos, como las gafas de madera sostenibles. Hay diferentes clases de rayos UV; los que más nos interesan al hablar de protección solar son los UVA y los UVB, porque ambos pueden afectar a nuestro cuerpo.
¿Para qué sirve la crema solar y cómo protege nuestra piel?
Cuando vamos a la playa durante un día soleado, los adultos suelen decirnos: «¡No te olvides de la crema solar!». Pero, ¿Qué hace exactamente esa crema?

Los protectores solares contienen sustancias que ayudan a reducir la cantidad de radiación ultravioleta que llega a nuestra piel. Algunos absorben esos rayos y otros también pueden reflejar una parte, disminuyendo el riesgo de sufrir quemaduras y otros daños. Eso sí, ninguna crema consigue bloquear toda la radiación, de modo que no es un permiso para estar bajo el sol durante horas sin descansar.
En los envases aparece una cifra acompañada de las letras SPF o FPS, que significa factor de protección solar. Ese número nos habla principalmente de la protección frente a las quemaduras producidas por los rayos UVB, siempre que usemos suficiente producto y lo apliquemos bien. Para los niños suele recomendarse un protector de amplio espectro, que proteja frente a UVA y UVB, con SPF 30 como mínimo, y frecuentemente SPF 50 o superior.
La crema debe repartirse de manera uniforme antes de salir y renovarse aproximadamente cada dos horas mientras seguimos expuestos. También hay que volver a ponerla después de bañarnos, sudar mucho o secarnos con una toalla, siguiendo las indicaciones del envase.
¿Por qué debemos utilizar gafas de sol para proteger nuestros ojos?
En una excursión a la playa, si miras hacia el mar, el brillo del agua hace que entrecierres los ojos. En la nieve ocurre algo parecido, porque su superficie puede reflejar mucha luz, pero no solo debemos preocuparnos por ese resplandor que nos molesta. Los rayos ultravioleta también pueden afectar a nuestros ojos aunque sean invisibles. Por eso, cuando vamos a pasar tiempo al aire libre, unas gafas de sol adecuadas nos ayudan a cuidarlos, igual que la crema ayuda a proteger la piel.
No todas las gafas sirven para lo mismo. Como complemento a las gafas de sol, unasgafas de madera con filtro de luz azul nos permiten proteger nuestros ojos frente a las pantallas de los dispositivos móviles o la televisión, con el fin de preservar la salud ocular y mejorar la calidad del sueño.
También es recomendable que las gafas cubran bien la zona alrededor de los ojos, porque la luz puede entrar por los lados. En actividades junto al agua o en la montaña, una montura envolvente puede ofrecer protección adicional. En general, hay una regla que debemos recordar siempre: nunca hay que mirar directamente al Sol, ni siquiera llevando gafas de sol normales, porque no están diseñadas para hacerlo de forma segura.
Gorras, sombreros y ropa, otros aliados para protegernos del sol

Además de la crema solar y las gafas de sol, podemos preparar algunas prendas más para protegernos del sol. La gorra con visera da sombra a parte de la cara y ayuda a que el Sol no nos deslumbre tanto, pero deja las orejas y la nuca bastante expuestas. Un sombrero de ala ancha protege mejor esas zonas y también aporta sombra alrededor del cuello. Por eso, si vamos a pasar un buen rato caminando por la playa o explorando un parque natural, puede ser una opción especialmente útil.
La ropa también actúa como una barrera frente a parte de la radiación ultravioleta. En general, los tejidos de trama cerrada dejan pasar menos rayos que los muy finos o abiertos. En este sentido, existen camisetas y bañadores con un factor de protección ultravioleta, llamado UPF, que indica cuánto ayudan a reducir el paso de esa radiación. Estas prendas son prácticas para actividades acuáticas o jornadas largas al aire libre. Sin embargo, no todas las telas protegen igual, y algunas pueden ofrecer menos protección cuando están mojadas o muy estiradas.
Para estar cómodos, lo mejor es seleccionar prendas ligeras, transpirables y adecuadas a la temperatura, sin olvidar que también necesitamos proteger las partes del cuerpo que quedan descubiertas. No hace falta vestirse con ropa pesada ni pasar calor: se trata de encontrar una combinación que nos permita movernos libremente y disfrutar sin descuidar nuestra piel.

